martes, 27 de diciembre de 2011

FEMENINO SINGULAR I : DJUNA BARNES


Estrenamos una sección dedicada a las voces femeninas en literatura , aquellas que consiguieron llamar mi atención por motivos tanto objetivos como subjetivos. La primera elegida es Djuna Barnes.

Djuna Barnes es uno de esos autores que he conocido a través de otros, en este caso, a través de T. S. Eliot, que realizó el prólogo de la obra maestra de Barnes, la novela      " El bosque de la noche "   ( Nigthwood).

El Modernismo inglés y norteamericano es una de las etapas literarias que más ha captado mi atención a lo largo de los años, incluso desde la génesis de los "expatriados" con Gertrude Stein y Henry James. Pero, de todo el grupo, si puede considerarse así, Barnes es quizás la maldita por excelencia o, en sus propias palabras, "la escritora desconocida más famosa del mundo". Y es que ella estuvo allí, en esos París y Londres  que concentraban la élite bohemia, intelectual y literaria de los años 20. Y también la aristocracia y los nuevos millonarios, como Peggy Guggenheim, mecenas de Djuna. 

Barnes trabajó como periodista y escribió poesía, relatos, piezas de difícil encaje, teatro y, por supuesto, la novela corta que la ha hecho pasar a la posteridad. Bisexual, alcohólica, con tendencia suicida, abocada irremediablemente a la autodestrucción, Djuna vivió pasiones tormentosas tanto con hombres como mujeres y exprimió la vida durante su juventud y edad mediana para pasar a una reclusión autoimpuesta los últimos 40 años de su vida. 

"El bosque de la noche", novela densa, oscura y poética como su propio nombre sugiere, es hasta cierto punto una obra autobiográfica y se ha especulado con los equivalentes en la vida real de los protagonistas del libro. Robin Vote y sus amores Volkbein, Nora Flood y Jenny Petherbridge, cada uno de ellos personificando un tipo de pasión distinto, parecen tener rasgos de la propia Barnes y de sus amantes. Sin embargo, el personaje más destacado de la novela no responde al perfil de un amor, sino de un amigo y espectador, el lúcido y amargo Matthew O`Connor, extraño en su propio cuerpo.

El resto de la producción de la escritora ha merecido menos atención, aunque en los últimos tiempos se ha recuperado material poético inédito perteneciente a su última etapa, así como notas y apuntes personales. También en estos años de decadencia sigue presente uno de los rasgos fundamentales de Barnes: su atracción por el abismo y su empeño en encarnar lo Sublime, tal y como lo concebían los Románticos: horror y belleza a partes iguales. 

Visitemos ese abismo irresistible mientras recordamos los consejos del doctor O`Connor y su letanía: "Desciende, Matthew".


Transfiguración



El profeta cava con manos de hierro
En las inestables arenas del desierto.

El insecto vuelve a su larva;
Retorna a semilla la rosa trepadora.

Como humo hasta la vacía garganta de Moisés,
Irrumpen todas las palabras que dijo.

El cuchillo de Caín retira la estocada;
Abel se levanta del polvo.

Pilatos no puede encontrar su lengua;
Desnudo está el árbol del que Judas colgó.

Lucifer clama desde la tierra;
Cristo cae a su muerte.

A Adán vuelve la fastidiosa costilla;
Una criatura solloza en su flanco.

La extensión del Edén es espesa y verde;
El bosque se agita, no se ve una bestia.

Desencadenado, el sol, con rabiosa sed,
Alimenta al último día con el primero.


(  Djuna Barnes, Surrealist Poetry in English, 1978)

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